“Solo resta mencionar una predicción que mi Bombero Jefe, Beatty, hizo en 1953, en medio de mi libro. Se refería a la posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuego. Porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe. Si el baloncesto y el fútbol inundan el mundo a través de la MTV, no se necesitan Beattys que prendan fuego al queroseno o persigan al lector. Si la enseñanza primaria se disuelve y desaparece a través de las grietas o de la ventilación de la clase, ¿quién, después de un tiempo, lo sabrá, o a quién importará?
No todo está perdido, por supuesto. Todavía estamos a tiempo si evaluamos adecuadamente y por igual a profesores, alumnos y padres, si hacemos de la calidad una responsabilidad compartida, si nos aseguramos de que al cumplir los 6 años cualquier niño en cualquier país puede disponer de una biblioteca y aprender casi por ósmosis; entonces las cifras de drogadictos, bandas callejeras, violaciones y asesinatos se reducirán casi a cero. Pero el Bombero Jefe en la mitad de la novela lo explica todo, y predice los anuncios televisivos de un minuto, con tres imágenes por segundo, un bombardeo sin tregua. Escúchenlo, comprendan lo que quiere decir, y entonces vayan a sentarse con su hijo, abran un libro y vuelvan la página.”
Y esto lo he leído en un momento en el que estoy corrigiendo exámenes, y dándome cuenta de que no es que los niños no sepan leer, es que tampoco saben escribir, y tampoco hablar. Quizá si visitaran un poquito menos el campo de fútbol y un poco más la biblioteca, mejor nos iría a todos….


